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Autor:anonimo   Fecha: 2009-07-08
Resulta que me llevaba bien hasta ese fatídico día con un compañero de trabajo. Bromeábamos siempre dentro de la normalidad y nunca había pasado nada relevante. Hasta ese momento. Bien, resulta que esa mañana hablando de Fórmula 1 dijo algo así como (más o menos): - ¡Ché, Hamilton es el hombre más leal de la escudería! - A lo que yo respondí: - ¡Sí, hombre, y qué más! jajajajaja - Haciendo el gesto como partiéndome el pecho con la mano - A ese tío le hacen una suculenta oferta en firme de cualquier otra marca y verás tú si no se larga rápido. Todo esto dicho con un tono jocoso, sin más complicación. Total, que el tío se transforma y me dice, furibundo:- ¡Vos qué "desís"! ¡No tenés ni puta idea, boludo! ¡Andá a "cagá"! Obviamente, por el acento habréis adivinado que este chico no es de por aquí, sino de Uruguay, para más señas. Lo digo a título informativo, sólo. A partir de ese momento no me dirige la palabra. Básicamente me odia. Considero que es una reacción desmesurada y no hace más que evitarme. Me esquiva siempre que puede hasta hacer el ridículo (al menos a mis ojos). En la mesa del comedor, teniendo sitio para sentarse con nosotros (hoy ha dado la casualidad de que ha sido así) ha preferido sentarse solo en otra mesa. Y de éstas, las que queráis. Patético. Y lo triste es que lo tengo enfrente de mí, mesa con mesa. El otro sujeto también tiene su historia. Es un "raro" de cojones, pero vaya, que eso no es malo ni criticable, cada uno es como es. Pero tiene esa mala costumbre de no mirar a la cara cuando habla. En ningún momento. El caso es que es el típico que siempre te va pidiendo cosillas puntuales (que A MÍ NO ME MOLESTA EN ABSOLUTO, y lo resalto para que quede bien claro más adelante): - ¿Me puedes dejar un clip, por favor? - ¿Tienes un billete de 5 € para dejármelo un momento? Ahora te lo devuelvo.- ¿Tienes un lápiz por aquí? - ¿Cómo se hace tal cosa? - ¿Y tal otra? Etc. Total, que un viernes por la mañana va y me pide 20 céntimos para el café y yo, que estoy mirando el ordenador del trabajo le digo, sacándome la cartera (Y EN PLAN DE COÑA): - ¡Ains, ya estamos pidiendo de buena mañana! ¡¡¡¡Para qué se me ocurrió decirle nada!!!! Ya ves, para 20 putos céntimos de mierda. Y el tío se lo tomó a pecho. - ¡Vale, pavo, tranquilo! ¡Ya no te pediré nunca más nada! - Me contesta.Y yo detrás de él con la tarjeta en la mano: - ¡Tío, no te piques, hombre, que es broma, cojones! Y nada. Sólo me respondió, totalmente airado: - ¡Yo, que te pido una cosa con educación y tú me tienes que venir con estas malas formas! ¡Náda, déjalo! Bueno, pues a este lo tengo a mi izquierda, también mesa con mesa. Y de esto hace más de ocho meses, "hoygan". Lo curioso del tema es que ahora se han hecho más "amiguetes" que nunca y noto como si hicieran un frente común contra el enemigo impío, malo maloso, que soy yo. Ya, ya sé que puede sonar a paranoia, pero soy sensible a estas actitudes y creo detectarlas con cierta exactitud. Hasta no ha mucho, al menos el segundo individuo todavía daba los buenos días y se despedía (hoscamente) de mí, a pesar de no hablarme. Por suerte no me esquiva. Ahora sólo hace como un ademán, A VECES, que ni a gruñido llega. Señal indefectible que la situación se va deteriorando poco a poco. El primero ni eso. Pero claro, es lo que tiene ser un estúpido maleducado violento borracho tontolculo sobradete ponecuernos que cae simpático a la gente por esa melosidad latinoamericana de la que hacen gala [U]algunos[/U] habitantes de esa zona del mundo. En resumen, que tengo a dos cualquier cosa menos compañeros de trabajo que ni mú dicen cuando yo saludo y digo buenos días por la mañana. Y lo más fuerte es que yo no estoy enfadado con ellos. Me tengo por alguien racional pero por más vueltas que le doy no entiendo esas reacciones tan primitivas, tontas y de crío de 5 años por unas frases que pueda llegar a decir, máxime si tenemos en cuenta que ya hace mucho que me conocían antes de eso y siempre hago lo mismo. No lo entiendo. Vaya, sí que puedo llegar a especular, por eso. ¿Frustración? ¿Rabia? ¿Impotencia? ¿Cualquier mezcla de las tres anteriores? No sé. ¿Qué haríais vosotros? ¿Cuál es vuestro escenario en particular? Doy por hecho que seekerr vendría un buen día con una daga oxidada y les degollaría el pescuezo como a pollos listos para comerles las entrañas en crudo, pero en fin, se admiten sugerencias, consejos y experiencias en este aspecto. Por mi parte puedo deciros que los auriculares y la radio son mis mejores aliados (aparte del trabajo, claro) y, a lo sumo, aplico una máxima de Lao Tsé (corrígeme, dragon, si me equivoco) que uso siempre en mi vida, desde el mismo momento en que la conocí, que dice lo siguiente: "He ahí a un hombre al que debes hablar. Tú no le hablas y pierdes al hombre. He ahí a otro hombre al que no debes hablar. Tú le hablas y pierdes la palabra. Sabio es aquél que no pierde ni al hombre ni a la palabra." Y en ello estoy. Gracias por vuestra atención.
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